El periodismo de espectáculos ha demostrado que las sonrisas televisivas suelen esconder secretos que los famosos preferirían mantener sepultados. En la televisión hispana, pocas figuras gozaban de una reputación tan sólida como el presentador mexicano Alan Tacher. Conocido por su carisma en Despierta América, Tacher proyectó durante años la imagen del hombre ideal.
Sin embargo, una explosiva revelación del periodista Javier Ceriani sacudió la industria al vincular directamente al conductor con la periodista Addis Tuñón, exponiendo un acuerdo confidencial que involucra un inmueble en Las Vegas, Nevada. Para entender el escándalo, hay que analizar la trayectoria de Tacher, calificado como “intocable” por altos ejecutivos. Tras un exitoso paso por la televisión mexicana, experimentó transiciones laborales que lo llevaron por importantes cadenas hispanas.
A pesar de los vaivenes, su estatus siempre fue privilegiado. No obstante, los rumores sobre sus deslices sentimentales no eran una novedad absoluta en las redacciones. En 2008, tras mudarse a Miami con su entonces esposa Silvana, el conductor enfrentó fracturas personales debido a presuntos romances extramatrimoniales en Puerto Rico, derivando en su divorcio definitivo. Fue hacia 2012 cuando los caminos de Tacher y Tuñón coincidieron en los pasillos de Televisa. El ambiente propició un acercamiento que rápidamente se tornó problemático.
Versiones señalan que comentarios inapropiados y conductas abusivas por parte del conductor desataron una crisis interna. Ante la gravedad de los hechos, Tuñón amenazó con interponer una denuncia penal por acoso. Esta posibilidad representaba la muerte profesional para Tacher, quien negociaba un contrato de exclusividad en Miami. Para evitar el desastre, se resolvió el conflicto de manera extraoficial mediante un pago por silencio, dinero que la comunicadora invirtió en bienes raíces en Las Vegas.